Antes eran reuniones mensuales, desde Kim Jong-il son semanales. Cada confesión comienza con una fórmula: “Como nuestro Gran Líder nos ordenó”. En una atmósfera de miedo y tensión, las personas confiesan errores, recurren a trucos para escabullirse o denuncian a amigos y vecinos. Sólo los niños están exentos de estas formas de tortura psicológica

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